El Hemisferio Sur tiene enormes rivalidades – All Blacks contra Springboks, durante años, definía al equipo ganador como el mejor del mundo.

La Bledisloe Cup es más joven que la más que centenaria rivalidad entre australianos y neozelandeses, pero representa la relación que tienen dos países tan solo separados por el Mar de Tasman.

En Sudamérica Rugby, la rivalidad más reconocida es la que mantienen desde 1958 Uruguay y Chile.

Si bien la cantidad de triunfos está ampliamente inclinada del lado de Los Teros, equipo que ya ha jugado en cuatro Rugby World Cups, cada vez que la casaca celeste se enfrenta con la roja de Chile, son partidos distintos, interesantes y muy disputados, sea en la categoría que sea, en quince o seven.

Chile ganó tan solo trece de los 55 partidos disputados en el más alto nivel.

Ocho de esos triunfos se dieron entre 1958 y 1977, a partir de cuando Los Teros comenzaron a revertir esas derrotas y convertirse en claros dominadores del duelo.

Si bien el Campeonato Sudamericano era la única competencia, los preparativos no eran intensos y la competencia estaba dominada por Argentina.

Con la llegada del proceso clasificatorio a Rugby World Cup, que comenzó para Sudáfrica 1995, los beneficios en juego fueron claros y muy importantes.

RWC, el gran objetivo

“Durante años, para la clasificación a los mundiales, la pelea era con Chile; la rivalidad se da desde entonces,” explica Pablo Lemoine, ex pilar, líder y entrenador de Los Teros, hoy head coach de Chile.

Rival en las clasificaciones a 1999 y 2003, Alfonso Escobar agrega: “Si te ganan por 30 puntos no hay rivalidad; al achicar las distancias empezó la rivalidad y eso comenzó con el camino a Rugby World Cup.”

Uruguay derrotó a Chile en Montevideo 14 a 6 en 1993, pero la semana siguiente perdió ante Argentina la posibilidad de seguir en camino para clasificar a RWC 1995. Así de fugaces eran las oportunidades.

Cinco años más tarde, en una gris tarde, en el mismo Carrasco Polo Club que aquel partido del ‘93, Chile puso en aprietos a Uruguay. “Teníamos un penal a favor que por un empujón y a instancias del juez de touch revierten; Uruguay nos convierte y ahí cambia el partido,” recuerda con dolor el segunda línea y capitán chileno.

El triunfo uruguayo 20-14 le abrió el camino, luego de ganarle series a Portugal y Marruecos, para clasificar a su primera RWC.

“El ’98 fue duro y el 2002 también,” recuerda Lemoine. “En la preparación Chile era un rival muy especial, aunque también es una rivalidad creada por la circunstancia.”

Y explica: “Siempre había algo en juego: clasificación a un Mundial, a una Nations Cup, al Trophy, una gira. Formándonos como juveniles nos generaban que el partido con Chile era la vida o la muerte. Pero nunca era tanto. Son estrategias que generan rivalidad y empujan para arriba. Hacen que hagas las cosas mejor.”

No retirarse

El hacer mejor las cosas le permitió a Uruguay adelantarse y mejorar en todos sus niveles.

Para Escobar, el buscar ganarle a Los Teros lo empujó durante cuatro años. Era para él un partido tan importante que cuando los enfrentó en 1997, viajó a Montevideo el jueves, un día después de que su hijo mayor Fonchi, dejara la clínica donde el domingo anterior había nacido. “Así sentía el rugby. Y después de aquella derrota de 1998 decidí que no iba a retirarme sin ganarle a Uruguay.”

Estiró, entonces, su carrera cuatro años y se dio el lujo de derrotar a Los Teros en 2001 y en el primero de dos enfrentamientos en 2002.

Para Australia 2003, Estados Unidos, Canadá, Uruguay y Chile repartían dos plazas en un cuadrangular, ida y vuelta, todos contra todos.

“Chile nos ganó en un partido ajustadísimo (foto), muy duro,” recuerda Lemoine del 10 a 6 que celebraron los Cóndores a la sombra de los Andes.

Los Teros perdieron en Chile, en Estados Unidos y Canadá. Las tres revanchas en Montevideo fueron otra historia.

“Le ganamos por dos y un punto a Canadá y Estados Unidos; contra Chile tuvimos un gran segundo tiempo.”

Histórico partido

El 34 a 23 fue uno de los mejores partidos de la historia entre ambos países y le aseguró el pasaje directo a Uruguay a Australia 2003.

A los 39 años, a Escobar le llegó el retiro internacional después de aquel partido – jugaría hasta los 46 en la Universidad Católica.

Pablo Lemoine, tras haber brillado en los mundiales de 1999 y 2003, se retiró en 2010 no habiendo podido llevar a su país a Francia en 2007 o a Nueva Zelanda en 2011. Fue el arquitecto de la clasificación en 2015 y ahora diseña el camino para llevar a Chile a Francia 2023.

“La rivalidad,” dice, “no es un tema de los jugadores ya que chilenos y uruguayos se llevan bárbaro, hay buena relación. Son presiones que desembocan en esa rivalidad pero que no los afectan. Juegan seguido, se conocen.”

Escobar asiente. Dos de sus hijos ya han enfrentado a Uruguay y el tercero, a los 16, tiene el potencial de hacerlo en breve.

Al partir avisa: “Mi hijo Fonchi ya les ganó,” ríe en referencia al triunfo 22-20 en Montevideo en 2018.