Para muchos el momento de maduración del rugby argentino en el rugby internacional fue el tercer puesto que obtuvieron en Rugby World Cup 2007.

Pero, las semillas de aquel éxito se plantaron ocho años antes, también en Francia, cuando dos de los héroes de aquella campaña de bronce - los miembros del World Rugby Hall of Fame Agustín Pichot y Felipe Contepomi – ya jugaban en el seleccionado nacional.

La victoria de Los Pumas 28 a 24 contra Irlanda en el último de los play-offs para definir quienes completarían los cuartos de final, fue un momento de quiebre en su historia y los puso en camino a convertirse un equipo de relevancia.

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Batalla con el pie

Si bien el rol del ingresado Contepomi fue clave en la previa del try de Diego Albanese en la fría noche de Lens, el pie de Quesada, compañera en la pareja de medios de Pichot, fue lo que proyectó a Los Pumas al siguiente nivel.

El apertura terminó ese Mundial 1999 como el máximo goleador con 102 puntos, 23 de ellos anotados esa noche contra Irlanda, producto de siete penales y una conversión, en lo que fue un duelo de pateadores con David Humphreys.

La falta de rugby abierto del partido se compensó con la forma en que Argentina se recuperó de ir en desventaja por doce puntos al comenzar el segundo tiempo gracias a la puntería del pié derecho de Quesada.

Tres el único try del partido, una corrida de Albanese en la punta izquierda en el minuto 72, Quesada aportó la conversión desde la banda izquierda. Luego, Argentina tuvo que defender como nunca en los próximos minutos para defender los cinco puntos de diferencia para pasar por primera vez a cuartos de final.

Francia resulto tener más baterías para un cansado equipo argentino en un partido de muchos puntos en Dublín; no obstante, Los Pumas volvieron a Argentina como héroes sabiendo que habían dado un gran paso.

“Duro”

Mientras Los Pumas estaba felices, para los irlandeses la sensación era totalmente contraria.

Brian O’Driscoll juntaría muchos buenos recuerdos en el rugby en los siguientes años; el de esa noche no es juntamente uno de ellos.

“Probablemente haya sido la peor sensación que tuve después de un partido de rugby," fue su reacción tras el silbato final en el Stade Felix Bollaert. “Muy duro. Lo único positivo que se puede sacar de una experiencia así es saber que no quieres volver a sentirte así nunca más."